Uso del Celular. Limitando el Teléfono Móvil.

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Desde hace unos tres meses he limitado el uso del celular drásticamente. Es curioso como un dispositivo aparentemente indispensable se había ido incrustando en mi vida hasta el punto de ser protagonista incluso en el momento de acostarse y levantarse de la cama.

¿Cómo? Pues sí. Yo era de esos que lo último que hacía antes de acostarse era mirar el celular y apagarlo; lo mismo que justo al levantarme, encendiéndolo y esperando 30 segundos por si llegaba algún SMS o llamada perdida que se hubiera producido durante la madrugada. Se había convertido en una costumbre un tanto absurda. Algo así como dirigirme a un trozo de plástico con un chip integrado en su interior y decirle “Buenas noches, querido celular. Que duermas bien.” o “Buenos días. ¿Listo para otro día de llamadas, la mayoría inútiles?”.

Durante el resto del día, a pesar de no haber emitido ningún sonido, siempre caían unas cuantas miraditas, por si alguien había llamado o enviado algún SMS. Por desgracia, muchas veces no tenía ni una sola llamada o SMS pendiente, y yo entristecía: vaya, no me ha llamado nadie… Hasta el día en que me di cuenta de que esa consulta a la pantalla del celular, intermitente pero constante, se había convertido en una especie de tic nervioso. De hecho, era como ser padre de un bebé tecnológico, el cual siempre requería de mis cuidados y atención. ¿No te ha pasado lo mismo?

Ya hace muchos años que mantengo el celular apagado mientras duermo. Por un lado consigo eliminar la posibilidad de que nadie interrumpa mis horas de sueño, además de evitar que un aparato se pase toda la noche emitiendo ondas desde la mesita de noche a un palmo de mi cabeza. Por otro lado, parándome a pensar, ¿cuántas llamadas o SMS realmente importantes puedo recibir a esas horas al cabo de un año? ¿Una? Más bien, ninguna. Para emergencias ya tengo mi línea fija.

Ahora bien, ¿qué sentido tenía mantener el celular encendido desde las 6:15 de la mañana hasta las 22:45 de la noche? Con el asentamiento de mis nuevas prácticas minimalistas y de productividad personal, empecé a ser más consciente y optimizar el uso de ciertas herramientas. El celular no iba a ser menos.

Me puse a analizar minuciosamente mi uso del celular, especialmente los horarios en que más lo utilizaba. Pero no sólo eso, sino la necesidad que tenía de él, lo útil que era para mí y qué lugar ocupaba en mi lista de prioridad de atenciones.

La necesidad es meramente laboral. Trabajo con mis clientes en horas concertadas, y los cambios en mi agenda son frecuentes. Así que, para este caso, el celular se convierte en una herramienta de gestión productiva, necesaria y útil. Para el resto de personas que quieran contactar conmigo -familia, pareja, amigos, el banco,…-, tanto como necesario no creo que lo sea. Si es una emergencia, tienen otras maneras de encontrarme. Además, ¿cada cuánto se da una verdadera emergencia? De momento, por suerte, nunca.

La lista de prioridad de atenciones es una lista mental de tareas ordenadas por prioridad -redundancia-. En realidad tal lista está acortándose, y sospecho que acabará por desaparecer. Desde que utilizo métodos de productividad personal como GTD, cuando estoy dedicando tiempo a una tarea específica, intento concentrarme al máximo en dicha tarea. Es la ley de hacer sólo una cosa a la vez. De esa manera me aseguro máxima entrega, máxima eficacia, máximo disfrute, máxima atención y mínima pérdida de tiempo, es decir, máxima eficiencia.

Por poner un ejemplo, mis ratitos de práctica de guitarra son mucho más provechosos y los disfruto mucho más si estoy únicamente atento a la música, el sonido, el ritmo, la técnica, mis dedos,… Si mantengo el celular encendido, cada dos por tres recibo un mensaje o una llamada que interrumpe ese momento. Además, la gran mayoría de veces el contenido de ese SMS/llamada o bien no es importante o bien puede esperar. ¿En términos de eficiencia? Mis clases de guitarra son más productivas durante 45′ continuos que durante 1h 15′ con interrupciones.

Por lo tanto, cuando estoy haciendo algo importante para mí o para otra persona de la que dependen mi comportamiento y mis acciones, intento evitar interrupciones de cualquier tipo, sobre todo cuando quiero hacerlas bien y disfrutarlas al máximo. Es decir, siempre. Esto es:

  • En el trabajo:  Durante mis sesiones de entrenamiento personal y terapias manuales, el celular permanece guardado en el cajón de la recepción. Nunca cojo llamadas durante las sesiones, básicamente por dos motivos: por no perder el hilo de la sesión, manteniendo mi atención de lleno en el cliente, y por respeto a éste, ya que está pagando por mi atención contínua, entre otras cosas. Los socios de mi centro también tienen nuestro número fijo. Pueden llamar a cualquiera de los dos teléfonos, pero si estamos ocupados, saltará el contestador automático. En cuanto nos sea posible nos pondremos en contacto con quien haya dejado algún mensaje.
  • En casa: Generalmente estoy ocupado haciendo diferentes tareas importantes para mí: leer, escribir, comer/cenar, tocar la guitarra, planchar, cocinar, hablar con mi mujer.
  • En el gimnasio: El celular se queda en la taquilla. Estoy entrenando, cuidándome, pendiente de mi “yo físico”. Si contesto alguna llamada, pierdo el ritmo de entrenamiento y me enfrío. Además, sólo falta que me llame alguien en un día de pereza mientras estoy entrenando. En seguida puedo encontrar cualquier excusa para un “mira, ahora nos vemos y me lo cuentas mejor”, seguidamente abandonar el entrenamiento.
  • En alguna reunión o conversación importante: Lo que tengo que decir o escuchar es realmente importante para mí y para mi interlocutor, ya sea un cliente, un amigo, mi madre,… Interrumpir la conversación atendiendo al teléfono vuelve a despistarme, e incluso podría considerarse como una falta de respeto o interés.
  • En el súper, en el centro médico, en clase de inglés,…: Alguien está dedicándome su tiempo, ya sea la cajera, el doctor o el profesor. Que menos que ofrecerle mi atención. No me gusta nada recibir una llamada para simplemente soltar un repentino “Estoy en el médico, luego te llamo!!”.

En definitiva, este cambio de hábito responde a un simple hecho: hoy día, damos por sentado que todos tenemos que estar permanentemente conectados, localizables y disponibles. Es más, incluso a veces parece ser que si no cogemos el celular es porque nos debe haber pasado algo malo -siempre con la manía de ponernos en el peor de los casos…-.

Mi reacción es recíproca, es para mí y para los demás. Del mismo modo que yo no voy a estar siempre disponible y probablemente interrumpido, tampoco lo espero ni lo quiero para los demás. Si llamo a alguien y no me coge el teléfono, ni me pongo nervioso ni me preocupo. Lo intento más tarde, le dejo un mensaje en el buzón de voz, le mando un email, o simplemente espero a que me llame.

Por otro lado pienso ¿cómo se vivía antes? La gente no tenía celular y el mundo funcionaba más o menos igual. De acuerdo, hemos avanzado. Aprovecharé esta herramienta, no me pondré una venda en los ojos para seguir viviendo como un cavernícola. Pero cuidado, sencillamente usaré esa herramienta solamente cuando la necesite y no llegar al uso excesivo del celular. ¿O siempre voy de un lado a otro con un taladro en la mochila por si acaso tengo que hacer un agujero en la pared?

Me hago una pregunta: ¿para qué puedo necesitar el celular? Contesto: para trabajar y para emergencias cuando estoy fuera de casa -por ejemplo, al viajar en coche por si tengo una avería-. Para el resto de mi tiempo, no lo necesito. Entonces permanece apagado o en silencio.

De este modo, llego a la conclusión de que el móvil me es útil solamente a ciertas horas del día y durante periodos cortos de tiempo. Analizando mi agenda, mi trabajo y mis necesidades, determino un horario de atención al celular para evitar el uso excesivo del celular:

  • De lunes a viernes: de 12 a 16 y de 20 a 22.
  • Domingo: de 14 a 20.
  • Para el resto del tiempo te atenderá mi buzón de voz. Puedes dejar un mensaje y en cuanto me sea posible me pondré en contacto contigo, lo prometo

Los resultados, inmejorables

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