Un No Rotundo al Desánimo y a la Tristeza.

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En momentos difíciles, siempre hay una salida. Una puerta que se abre enseñándonos que el sufrir es un proceso de aprender y al igual que la semilla antes de disfrutar los rayos del sol, pasa por la oscuridad, nosotros podemos ser como ella, nutriéndonos y preparándonos para disfrutar plenamente y con sabiduría el tiempo de la anhelada cosecha. Aprende cómo combatir la tristeza con estas reflexiones sobre la felicidad.

“Si al compartir con ustedes, ésta experiencia vivida, consigo que adquieran conciencia de todos los bienes hermosos que posee cada uno de ustedes, habré alcanzado en parte mi objetivo… Si es así…¡Desde lo más Profundo de mi Corazón, doy Gracias a Dios por ello..!”

“Aquel, no había sido lo que yo pudiera considerar un buen día para mi, caminaba apresurada bajo el implacable sol, por las calles de Panamá; estaba cansada y sedienta, no tenía dinero suficiente como para permitirme el lujo de tomar un refresco; las lágrimas, estaban a punto de rodar por mis mejillas; apretando en mi mano, las únicas monedas que poseía, abordé el autobús; como autómata me senté absorta… perdida en mis propios pensamientos, contemplando lastimera las heridas de mi alma y de mi mente, cuando observé que allí sentado junto a mi, había un señor que no tenía brazos, solo pequeños muñones con la apariencia de lo que pudo haber sido una mano, descansaba en su hombro izquierdo; había recorrido quizá solo tres calles el bus, cuando aquel señor sin brazos se acercó aún mas a mi, e insistente, tocó con su hombro el mío… Escuché el gran esfuerzo que hacía tratando de decir algo, pero ninguna palabra salió de sus labios; por el gesto de sus ojos al mirar el timbre, entendí que me pedía hacer detener el bus, pues el, ya había llegado a su destino, debía bajarse en la siguiente parada…”HABÍA CUMPLIDO SU MISIÓN”.

En ese momento, sentí como si una venda invisible que nublaba mis ojos, se desvaneciera…¡No, yo no tenía derecho para estar triste!…¿Cómo podía ser tan egoísta y mezquina, desperdiciando el precioso tiempo de Dios me da, y los bellos talentos que ha puesto en mis manos, para preferir estar absorta, acariciando mis propias penas, convirtiendo mis insignificantes problemas en fastidiosos duendecillos que roban mis sueños, o en inmensos gigantes que me impiden alzar los ojos al cielo y contemplar la grandeza del Amor Divino?

Tan Grande es su Amor…Tan Hermosa La Vida, e infinita la Sabiduría y Misericordia de Dios, al permitir que aquel señor mudo y sin brazos, al que solo observé por poco tiempo, del cual nunca supe su nombre, fuera, después de Jesucristo, el maestro mas grande que he tenido. La enseñanza que Dios me dio a través de aquel hombre, el, ni siquiera la imagina, “Yo Nunca La Olvidaré” pues su recuerdo, sigue latente en mi mente, aunque han pasado mas de quince años.

Cuando surgen en mi vida, contratiempos, ahora los veo como oportunidades para crecer en todos los aspectos; nuevos motivos para comprender a los demás, ahora veo de una manera diferente los problemas, no como fastidiosos duendecillos que arman trampas en mi camino, e imprudentes fantasmas que perturban mi sueño. Tampoco son gigantes invencibles, solo son nuevas vivencias que me ofrecen la oportunidad de ser como barro dúctil, en las manos del Divino Alfarero. El quiere hacer de cada uno de nosotros, preciosas obras de arte, relucientes joyas, dignas de resplandecer, engastadas sobre su corona real.

En tus manos está cómo combatir la tristeza. Comparte estas hermosas reflexiones sobre la felicidad.

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