Semillas Biológicas.

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En la agricultura ecológica se debe tener en cuenta el uso de semillas biológicas, ya que la forma en que estas han sido obtenida es muy importante.

La semilla es la esencia de la planta y su producción intensiva a base de fitosanitarios (pesticidas, abonos…) es muy contaminante. A partir del año 2002, los agricultores biológicos deberán emplear semillas biológicas.

Pocos agricultores biológicos consideran actualmente que utilizar semillas biológicas sea primordial. ¿Qué importancia tiene el origen de las semillas si el cultivo se realiza sin ningún tipo de tratamiento? La planta que obtendremos será igualmente sana y equilibrada. Es cierto, pero ¿podemos apoyar a la vez a la agricultura biológica y a las grandes multinacionales productoras de semillas que producen sin ningún respeto por el medio ambiente?

La producción de semillas es una de las actividades agrícolas más contaminantes que existen, pues con la excusa de que las plantas no están destinadas al consumo humano, se utilizan grandes cantidades de abonos, pesticidas, defoliantes y hormonas. Resulta contradictorio que el reglamento europeo sobre la producción biológica permita a los agricultores la utilización de semillas convencionales. De hecho, los agricultores biológicos estarán obligados a utilizar semillas biológicas a partir del 2002. La moratoria existente se entiende como un periodo de adaptación en que los agricultores deberán organizarse para conseguirlas.

En 1996 la Asociación Vida Sana publicó un Boletín de Semillas que se distribuyó gratuitamente y que pretendía ser un lugar de intercambio donde pudieran anunciarse todas aquellas personas que dispusieran de semillas o plantas biológicas. El resultado de esta iniciativa fue un indicador muy significativo de la situación en nuestro país: la oferta de semillas biológicas disponibles fue mucho menor a la demanda (se agotaron dos ediciones del Boletín)

En España disponen, actualmente, de semilla biológica tres empresas: ECOVIAND:, Semillas Silvestres S.L. y C.P.B. Central de productos biológicos.

Según su fundador y director, Dominique Guillet, los agricultores aficionados son los únicos que pueden evitar que se pierdan un gran número de variedades antiguas, ya que disponen de tiempo y no están condicionados por el mercado. Muchos clientes no practican la agricultura biológica pero están concienciados con el problema de la pérdida de biodiversidad. Las semillas de Terre de Semences se venden en sobres de 10 g. lo que hace inviable su utilización por parte del agricultor profesional. Dominique Guillet opina que los agricultores deben organizarse en cooperativas de manera que uno o varios de ellos se especialicen en producir las semillas del resto.

Uno de los principios de la agricultura biológica es la utilización de variedades autóctonas. Estas, aunque son menos productivas, están más adaptadas a las características de cada zona lo que las hace más resistentes y en muchos casos más sabrosas y nutritivas. Sin embargo, el reglamento sobre la producción biológica no recoge la obligación de utilizar variedades autóctonas y aunque prohíbe explícitamente el uso de variedades modificadas genéticamente, no ocurre lo mismo con las variedades híbridas. Muchas veces es el propio mercado el que obliga al agricultor biológico a utilizar este tipo de variedades, aunque también puede ser debido a determinadas necesidades de producción como la resistencia a una enfermedad de difícil solución como las enfermedades víricas.

No debemos descartar, no obstante, la posibilidad de que exista una variedad local que presente esa misma resistencia y que la falta de investigación en este sentido sea la responsable de que se desconozca y se difunda su existencia. Uno de los límites a la recuperación de las miles de variedades locales que han caído en el olvido es la falta de voluntad política bajo la presión, una vez más, de las grandes multinacionales productoras de semillas.

Falta poco para que sea obligatorio el uso de semillas biológicas y no parece que el problema tenga fácil solución. El mercado no se ha organizado para ofrecer una cantidad suficiente de semillas biológicas aunque ciertas multinacionales productoras de semillas están trabajando en este sentido. Una vez más serán estás grandes empresas las que obtengan beneficios de la agricultura biológica y una agricultura que en el origen busca la total independencia se verá obligada a depender de los “monstruos” de la agroquímica. No nos engañemos, cuando llegue el momento serán pocos los agricultores que dispongan de tiempo y de la preparación necesaria para obtener sus propias semillas. Tan sólo la voluntad y el esfuerzo de los agricultores convencidos de que la agricultura biológica no es un sistema específico de producción, sino una nueva forma de entender la vida podrá evitar lo que parece inevitable: comprar semillas biológicas a las mismas empresas que comercializan semillas manipuladas genéticamente.

Desde la Asociación queremos llamar la atención de todos aquellos agricultores biológicos que confían que encontrarán semillas biológicas cuando llegue el momento. Ni la esperanza de una nueva moratoria debe ser excusa para olvidarnos del problema. La utilización de semillas biológicas en agricultura biológica no es sólo un problema de reglamento ni un problema agronómico: es una cuestión moral. La semilla es la esencia de la planta y debería ser obtenida con los mismos métodos respetuosos con los que cultivamos las plantas.

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