Seis Brillantes Megaideas de Ahorro Energértico. Primera Parte

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Si se suman todos los teléfonos celulares, laptops, reproductores de DVD, televisores de plasma, aparatos de televisión por cable y otros artefactos que se encuentran comúnmente en los hogares de los Estados Unidos, la cifra ascendería (fácilmente) a los miles de millones. Y no lo duden, esas máquinas están hambrientas de energía. En combinación con enseres domésticos como aires acondicionados y lámparas de escritorio, absorben el 21% del abasto total de energía de la nación, más de un billón de kilovatios-hora de electricidad al año. Las plantas generadoras de energía que abastecen toda esa potencia por lo general queman petróleo, carbón o gas natural, lo que hace que el hogar promedio sea responsable de producir el doble del dióxido de carbono (CO2) que produce un auto promedio.

Pero mientras los políticos y los ambientalistas compiten por las formas de satisfacer las necesidades de energía de nuestra nación, un puñado de innovadores sin gran aspaviento ha encontrado algunas formas ingeniosas de reducir el impacto de nuestra insaciable voracidad por los productos electrónicos. A veces es tan sencillo como fabricar mejores bombillas de luz. Parece algo pequeño, pero si se ahorra un kilovatio aquí y otro kilovatio allá, en poco tiempo se habrá eliminado la necesidad de cientos de plantas generadoras de energía emisoras de CO2. Pasemos a conocer estas 6 Megaideas de ahorro energético que nos ayudaran al cuidado del medio ambiente

Megaidea No. 1: LA CIENCIA DEL FRÍO

El Problema: El Laboratorio nacional Lawrence Berkeley alberga a varios miles de investigadores, muchos de los cuales se enclaustran en laboratorios para investigar misterios científicos como el papel de la energía oscura en el cosmos y el código genético de los virus humanos. Pero uno de esos grupos quedó cautivado con los ductos de aire acondicionado. Y por extraño que parezca, hicieron un importante descubrimiento: En la mayoría de los hogares, aproximadamente el 20% del aire calentado o enfriado que viaja a través de los ductos de aire se fuga a través de orificios o grietas.

La Solución: Los investigadores del Lawrence Berkeley, dirigidos por Mark Modera, inventaron una nueva técnica de sellado con aerosol que utiliza un polímero de vinilo que logra reducir 90% de las fugas. Un técnico simplemente cubre los conductos de ventilación de la casa y después aplica una “niebla” del sellador a través de los ductos. La niebla entra en los orificios y grietas, tapándolos con las partículas de polímero. A diferencia de los métodos de sellado tradicionales (como la cinta adhesiva plateada) el método de aerosol permite a los trabajadores alcanzar fugas que normalmente son inaccesibles. Modera y sus colegas llevaron el invento al mercado a través de una compañía llamada Aeroseal.

Megaidea No. 2: LA PLACA MADRE

El Problema: En 1993, el especialista en iluminación Greg Wiegand estaba trabajando en el set de grabación de un comercial para la pasta de dientes Crest. El regulador de voltaje para controlar la iluminación emitía un sonido tan alto que tuvo que conectarlo a largos cables y sacar el aparato del set. Molesto, Wiegand se propuso encontrar una solución y descubrió que su problema era similar al que afecta a todos los hogares de los Estados Unidos: el control del voltaje. Cuando Wiegand encendió el regulador, el voltaje excesivo que fluía hacia el equipo de iluminación generaba un fuerte zumbido.

En su hogar existe el mismo problema, aunque es menos notable. Las compañías de luz necesitan abastecer entre 114 y 126 voltios (V) de energía a cada hogar, el rango operativo normal para los enseres domésticos. Pero como se necesitan voltajes más altos para enviar electricidad a través de largas distancias, el voltaje real que entra a su hogar varía conforme a la distancia entre su hogar y la subestación más cercana. Como resultado, 90% de los hogares reciben más voltaje del que necesitan. Cuando se alimenta un aparato con más de 114V, el exceso se desperdicia como calor, aumentando el desgaste del aparato. Desde hace décadas los ingenieros saben que podrían ahorrar toda esa energía desperdiciada abasteciendo electricidad a los hogares al mínimo de 114V, pero no había una forma sencilla de hacerlo sin que las casas más lejanas a una subestación de energía recibieran muy poco voltaje.

La Solución: Wiegand finalmente descubrió como silenciar su aparato de luz con un ingenioso dispositivo de metal del tamaño aproximado de un directorio telefónico. Y con el tiempo se dio cuenta de que este pequeño invento podía aplicarse a toda la red de energía residencial. Su regulador de voltaje para el hogar, que se conecta al medidor de luz que hay en todas las casas, en esencia es un pequeño transformador controlado por una placa madre computacional. La placa madre mide el voltaje que entra al medidor, y hace que el transformador lo disminuya al mínimo de 114V. Después regresa toda la energía sobrante a la red para que sea transmitida a la siguiente casa.

La compañía calcula que sus dispositivos podrían reducir el uso de electricidad en los hogares hasta 20% con la eliminación del voltaje de desperdicio. Si se instalan en un millón de casas en todo el país se podrían reducir 640,000 toneladas de emisiones de dióxido de carbono de las plantas generadoras de energía al año. La Northwest Energy Efficiency Alliance (Alianza para la Eficiencia Energética del Noroeste), una organización sin fines de lucro, planea instalar 500 cajas en residencias esta primavera, y MicroPlanet dice que una comisión de empresas de servicio público en el Noreste está planeando un programa piloto con 1,000 unidades este verano. Wiegand espera que con el tiempo su dispositivo sea la norma en todos los hogares de los Estados Unidos

Megaidea No. 3: LUZ ETERNA

El Problema: Incluso las soluciones brillantes pueden fracasar en el mercado. Hace veinticinco años, ingenieros de la compañía holandesa Royal Phillips Electronics diseñaron una bombilla de luz mejorada que ofrecía la maravillosa promesa de economizar miles de millones de kilovatios-hora de electricidad. La lámpara fluorescente compacta, o CFL, era una versión más pequeña de la luz fluorescente estándar pero funcionaba del mismo modo: La corriente que fluye a través de tubos de vidrio llenos de gas creaba luz ultravioleta, que a su vez excitaba el recubrimiento fosforescente en el tubo emitiendo luz visible. Las CFL duran hasta 10 veces más y generan 90% menos calor, lo que les permite usar menos energía que las bombillas de luz incandescente normales. Pero su costo superior, luz más difusa y su forma tubular poco convencional mantuvieron al público alejado del producto. Para mediados del año 2000, las CFL solamente representaban 0.5% de las ventas de productos de iluminación en los Estados Unidos.

La Solución: Los investigadores del Laboratorio Nacional Noroeste Pacífico del Departamento de Energía se propusieron revivir la CFL con un ingenioso plan de negocios. En 1999 elaboraron especificaciones para lo que ellos llamaron lámparas fluorescentes “subcompactas”, que son sustancialmente más pequeñas que la generación previa de CFL y diseñadas para instalarse en la mayoría de los aparatos para lámparas incandescentes. Pero el laboratorio sabiamente decidió primero reunir a algunos clientes: un grupo de comerciantes en productos de iluminación, grandes complejos de departamentos y dependencias gubernamentales que aceptaron comprar los subcompactos en volumen si un fabricante los desarrollaba y producía para ellos. Varios fabricantes pequeños de bombillas, al ver la oportunidad de competir con sus rivales más grandes, aceptaron.

El plan funcionó: Para principios del 2001, el programa del Laboratorio Nacional del Noroeste Pacífico había vendido 2.5 millones de CFL, el doble de su meta original. La crisis energética del 2001 en California aumentó la demanda, cuando las compañías de servicios estaban desesperadas por reducir la carga de sus sobrecargados sistemas, ofrecieron subsidios para tecnologías de conservación. Para finales de ese mismo año, las compras de CFL se habían cuadruplicado a 2.1% del mercado minorista de bombillas en todo el país.

Finalmente, convencidos de que las bombillas podían venderse, fabricantes más grandes como Osram-Sylvania y General Electric crearon sus propias bombillas subcompactas. Ahora las bombillas, junto con otras innovaciones CFL recientes (como lámparas fluorescentes tipo torchiere, que reemplazan las lámparas de pie halógenas propensas a incendios que son comunes en los dormitorios de universidades) están a la venta en tiendas minoristas de todo el país, incluyendo grandes cadenas como Costco y Wal-Mart. (Busque la etiqueta Energy Star y la figura de tubo rizado.) Según la EPA, si todos los hogares de los Estados Unidos cambiaran una bombilla por una CFL, la reducción en la contaminación causada por la disminución en la demanda de electricidad sería equivalente a sacar a un millón de autos de las calles.

Hasta aquí hemos visto 3 megaideas sobre el cuidado del medio ambiente y el ahorro energético. Espera nuestro nuevo artículos donde te enseñaremos las otras megaideas que te sorprenderán.

 

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