La Visita al Pediatra, Niños Que lo Pasan Mal.

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La visita al pediatra suele ser un drama tanto para los niños como para los padres pues estos no saben que hacer para calmarles y evitar que lo pasen mal. Desde recién nacidos deben acudir a la visita al pediatra. Una visita que no suele ser en absoluto de su agrado.

Durante la visita al pediatra, tanto el bebé como el niño o la niña (a partir del año) suele llorar pues es su forma de expresar que siente miedo, inseguridad. Los padres viven este llanto con angustia pues no saben cómo aliviar su susto, ni cómo hacer para que colabore con el pediatra.

Para todos, es una situación estresante, pero quien peor lo pasa es el pequeño paciente.

¿Qué se suele hacer cuando se acude con el bebé, niño, niña a la visita al pediatra?

Antes de la consulta, si son bebés no se les suele explicar nada pues parece que como son tan pequeños no les va a servir de nada. Si ya tienen más de un año, tampoco se les explica nada, pero sí se les suele pedir (y repetir varias veces) que se tienen que portar bien.

Dentro de la consulta, cuando el bebé o niño se pone a llorar los adultos de alrededor suelen decirle “tranquilo no ha pasado nada, no es para tanto, ya está, ¿a que no ha sido tan malo?, etc.” Pero estas expresiones que buscan que se le olvide rápidamente de lo que acaba de pasar y, por tanto, deje pronto de llorar no le suelen consolar. No le consuelan porque no atienden a lo que está sintiendo en esos momentos.

El bebé o niño siente: ¿Cómo que no ha pasado nada? Sí ha pasado, me han clavado una aguja mientras mamá y una extraña me apretaban el brazo fuertemente, me ha dolido muchísimo y encima me dicen que no ha pasado nada! ¿Y qué pasa con el dolor que siento, con el susto que llevo encima?

Como el niño no ha encontrado consuelo, suele ir a la siguiente visita al pediatra ya con temor y su conducta suele abochornar a sus padres y molestar al pediatra que acaba por etiquetarlo como un niño consentido.

¿Qué hacer para que se vaya sintiendo mejor con el pediatra?

La clave está en la actitud y respuesta de los padres, pues son el mejor maestro para sus hijos. Una actitud de compresión y respeto por su emoción (el susto, miedo), además de estar a su lado transmitiéndole seguridad y confianza.

¿Cómo se puede ir transmitiendo este aprendizaje?

  1. Desde la primera visita al pediatra, osea de recién nacido, hasta que consideres necesario (1 a 3 años…) le explicas con tranquilidad y buscando su atención “ahora te va a mirar tu pediatra. Yo voy a estar siempre a tu lado. Tu pediatra es un doctor muy simpático que sabe muchas cosas, cosas que siempre curan y son muy buenas para ti”.
  2. Durante la consulta, en el momento de llanto, le pones tus manos con seguridad y al oído les vas diciendo “ya sé que no te gusta pero yo estoy a tu lado. Lo que te hace tu doctor es algo bueno y cura. Eres un(a) valiente”.
  3. Si al salir sigue llorando, le sigues expresando que comprendes su miedo, susto; que estás a su lado y que fue valiente. Con esta actitud de mimo el dolor no desaparece pero se vuelve menos intenso al encontrar consuelo y amor.

De igual forma, con esta actitud le estarás enseñando que se puede tener miedo y ser fuerte; estar asustado y ser valiente. Una buena base sobre la que crecer ¿No te parece?

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