La Felicidad Se Contagia.

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Desde que empecé el camino hacia la sencillez, de vuelta a lo esencial, he descubierto y aprendido muchísimas cosas. Una de las cosas más importantes que he aprendido es que el hombre ya no se contenta sólo con sobrevivir.

En el llamado primer mundo, la esperanza de vida se ha incrementado tanto y la supervivencia es tan fácil de asegurar, que el hombre busca algo más que sobrevivir. Ahora quiere vivir. Y si antes, con el único objetivo de subsistir y conservar la especie, el hombre no hacía otra cosa que salir en busca de comida e intentar no caer en manos de un depredador, hoy en día parece ser que la única manera de mantenerse verdaderamente vivo es ser feliz.

Descubro que la felicidad no es una meta, un destino, sino un modo de vida, una actitud. La felicidad no es algo que viene y va, sino que puede ser permanente. Da lo mismo si estoy triste y apenado o contento y alegre, porque igualmente puedo ser feliz. Ya que es muy diferente ser y estar. Por lo tanto ya no busco la felicidad, sino que vivo feliz. Vivir feliz cambia mi comportamiento y me empuja hacia una acción constante, repetitiva, otra vez: compartir. Entonces paro, observo, analizo. ¿Qué está pasando? Otro gran hallazgo, un aprendizaje básico.

La felicidad se contagia

Ser feliz no tiene ningún sentido si no compartes tu felicidad con los demás. De nada sirve ser feliz si los demás no lo ven, como también es imposible ser feliz si no ves felicidad en los demás. Entonces, si quiero ser feliz, no me queda otra que participar en la felicidad de los demás. ¿Qué pasaría si nadie de mi alrededor fuera feliz? Pues está claro, yo tampoco lo sería.

Mi conclusión es que una vida feliz conlleva un movimiento contínuo de ida y vuelta. Debo convertirme en un virus de felicidad, un bichito persistente y altamente contagioso que base su vida en transmitir felicidad a todo ser que pase por delante. Cuanto más extendida esté la epidemia de la felicidad, más potente será su efecto y más sencilla será mi ¿supervivencia? ¡Más sencilla será mi vida!Resumiendo. Para ser feliz:

  • Habrá que empezar por eso mismo, por ser feliz. ¡Despierta! Renueva tu actitud, imprégnate de pensamiento positivo, cambia de punto de vista. La felicidad está en ti, no la encontrarás por ahí fuera.
  • Rodéate de felicidad. Busca personas que también transmitan felicidad y engánchate a ellas como una lapa. En momentos de cierta debilidad, recárgate con el optimismo y la sonrisa de otros. Juntos formaréis un foco de felicidad aún más potente.
  • Propaga la felicidad. No tengas prejuicios, puedes compartir tu felicidad con todos los seres del Universo. Inténtalo varias veces, recuerda tu naturaleza persistente. Además, esta vez juegas con ventaja. La felicidad es incontable, y por lo tanto infinita. Acostumbrados a contabilizar constantemente, siempre pensamos en que para compartir y que alguien reciba algo otro tiene que dar, para que uno gane el otro tiene que perder. Con la felicidad esto no pasa, porque la felicidad no se acaba. Puedes dar toda la que quieras, que nunca te quedarás sin. Es más, ya sabes, cuanta más propagues más te infectarás a ti mismo
  • Evita la infelicidad. Por desgracia, también existen focos muy resistentes de infelicidad. Tú, como persona feliz y sin prejuicios, habrás intentado contaminarles con tu felicidad, incluso a este grupo con más fuerza todavía. Pero a veces se resistirán y podrán más que tú. Detecta estos focos y si fracasas después de varios intentos de infección de felicidad, aléjate de ellos, porque funcionan como tú pero a la inversa. Intentarán hacerte infeliz. Mejor apartarse y tal vez, tarde o temprano, se acercarán a ti para exponerse a tu virus de felicidad.

¿A qué esperas? Sé feliz, vive feliz, comparte tu felicidad y haz todo lo que puedas para que los demás sean felices. La felicidad se contagia, como la vida sencilla ¿A quién vas a contagiar hoy de felicidad?

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