La Familia Ante el Diagnostico de Diabetes.

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El mundo se derrumba, la enfermedad compromete no sólo el presente de todos, sino principalmente su futuro. El diagnostico se vive como una sentencia y el dolor y la confusión son características de este momento.

Otras preocupaciones que ante eran importantes, como el trabajo, el dinero o dificultades de pareja, pierden relevancia frente a este hecho nuevo e inesperado, que lo inunda todo. El diagnostico de la enfermedad puede llegar a amenazar las seguridades familiares y la frustración que implica, convertirse en un fracaso.

Shock Inicial

Como el inicio de la diabetes suele ser súbito y dramático y la confirmación inmediata, los padres no tienen tiempo de elaborar esa situación y no es extraño que aparezcan en ellos sentimientos de confusión o desconcierto, ¿qué es esto que nos pasa? ¿Cómo es posible si antes estábamos tan bien?

Esto es totalmente natural que ocurra. Los seres humanos podemos soportar presiones hasta un cierto limite (variable según las circunstancias y el temperamento de cada uno), sobrepasado el cual aparece la desorganización y se entra en crisis. La enfermedad “de por vida” de un hijo  es un shock imposible de evitar.

Etapas

Luego del shock inicial los padres comienzan un largo camino que, en el mejor de los casos, los llevará a la aceptación de la enfermedad de su hijo y a la asunción de conductas adecuadas. Sin embargo, hasta llegar allí, pueden presentarse diferentes etapas.

  • Negación: Las personas suelen negar circunstancias dolorosas de la vida, por ellos los padres o los hijos pueden caer fácilmente en ella. Dada la permanente necesidad de cuidado que existe en la diabetes, es una exigencia difícil ubicarse en el punto correcto: ni abrumar a los hijos con cuidados ni aliarse con ellos para “olvidar” los que les pasa.
  • Miedo: Hablamos de excesivo temor, pero un monto de “miedo” razonable a las consecuencias del descuido es un estimulo para seguir un buen tratamiento. Sí los padres se exceden, mostrándose ansiosos ante sus hijos, y por lo tanto sobreprotectores, estos o bien reaccionan descuidándose por rebeldía o bien quedan sometidos a ellos.
  • Culpa: Cualquier aceptación de culpa por uno de los padres (por ejemplo, aquél en cuya familia existan antecedentes) o la adjudicación de culpa de uno al otro no tiene sentido, no ayuda a la aceptación y, por lo tanto, rara vez es una forma provechosa de motivación a largo plazo.

Aceptación

En la medida en que estos sentimientos pueden ser hablados y entendidos por los padres será más fácil para ellos acceder a una mejor aceptación de la enfermedad. Esto significa, simplemente, la admisión de un balance honesto en que el debe y el haber muestran perdidas y ganancias en una recuperación de los valores familiares que el primer impacto de la enfermedad pareció haber destruido.

Pensar así es bueno para los padres y también para los hijos pues están aprendiendo así a vivir bien con su diabetes ya que es muy difícil obtener una victoria sobre un padecimiento crónico hasta que éste no se acepte.

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