La Comunicación entre el Hombre y la Mujer… Dos Mundos Diferentes.

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No podrán negar que la comunicación es vital en cualquier relación y la falta de ésta sigue siendo motivo de conflictos en cualquier escenario, llámese trabajo, hogar, calle… Se dice que de cada diez problemas nueve se generan por una mala comunicación.

Revisando el libro de Allan y Barbara Pease “Porque los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas”, recordé muchas de las situaciones típicas que se producen en una relación interpersonal y sobre en la comunicación en la pareja.

Analicemos algunos casos.

  • Cuando una mujer requiere ir a los servicios, por lo general suele buscar la compañía de otras mujeres, en ese momento los lavados pueden convertirse en sala de reuniones sociales o centro de prensa. En el caso del sexo masculino, acude generalmente por una sola razón; difícilmente pide que lo acompañen, ya que podría prestarse a malas interpretaciones.
  • Los hombres se apoderan del control remoto del TV, podría afirmar que se ha convertido ya en una extremidad más de su cuerpo, mientras que para las mujeres puede resultar lo mismo ver la publicidad.
  • Las mujeres critican de su pareja su falta de afecto, su poca comunicación para expresar lo que sienten por ellas. Por su parte los hombres critican la forma de conducir en las mujeres, su falta de orientación en las calles; por hablar demasiado y no ir al “punto”.
  • La mujer puede encontrar rápidamente las llaves de la casa pero puede tardar una “eternidad” para encontrar el camino corto para llegar a destino.

Con los años de matrimonio he aprendido que las esposas solo desean que las escuchen, no necesariamente esperan soluciones a sus problemas, porque ya las tienen. Lamentablemente, para ellas, los hombres, somos solucionadores de problemas por excelencia y llevamos “de fabrica” un esquema lineal: problema – solución, causa – efecto. Ejemplo: cuando la esposa te dice “no sé que vestido ponerme para la fiesta del sábado”, téngalo por seguro que ella ya escogió el vestido que se pondrá.

Cuando llevo por las mañanas a mi esposa al trabajo, el trayecto se convierte en una terapia móvil, pero aunque no lo crean, en un trayecto de 40 minutos, solo pronuncio a lo sumo cinco palabras. Es ella la que habla mientras que yo solo asiento o muevo la cabeza en señal de respuesta. No puedo negar que eso la hace feliz y yo me siento muy bien.

Allan y Barba Pease comentan que los hombres están impresionados de la capacidad que tienen las mujeres para entrar a una sala llena de gente y poder comentar acerca de cada uno de los invitados de manera rápida. Siempre me ha llamado la atención la visión periférica que ellas poseen, para ver lo que nosotros no podemos, como si tuvieran “ojos en la nuca”. Pero es contradictoriamente sorprenderte que ellas no pueda ver la luz roja intermitente del aceite en el tablero de control del auto. Una de las situaciones que genera siempre un comentario en mi esposa es cuando logro estacionar en paralelo y por lo general dice: “¿como puedes hacer eso?, ¡que envidia¡”

Un acto considerado de debilidad, para los hombres se produce generalmente, cuando no encuentran la dirección de una calle y deben pedir ayuda a una persona que camina por ahí, seguramente seguirán dando vueltas, diciendo frases como: “Creo que es por acá, ya estamos cerca”. Si le ocurriera a una mujer es probable que le pregunte a la primera personas que consiga.

Otra situación muy común que nos diferencian es, por ejemplo, cuando los hombres queremos encontrar un par de medias en el cajón o sacar la mantequilla del refrigerador, lo más probable es que no paremos hasta llamar a nuestras esposas para preguntarle “¿Dónde la escondiste?, acto seguido llega ella, mira rápidamente y toma el objeto como si tuviera en frente una máquina detectora, de esas que se usan en los aeropuertos.

Se han realizado una serie de investigaciones que tienen su raíz en la época de las cavernas. Hombres y mujeres desempeñaban tareas distintas. Mientras que ellos cazaban, ellas recolectaban. Ellos tenían que proteger a la familia y ellas se dedicaban a criar a los hijos. Como consecuencia de estas actividades ambos desarrollaron sus cuerpos y cerebros, de manera distinta. Hoy queda más claro que ambos sexos piensan y creen de manera diferente. Esta diferencia se debe, en muchos casos, a sus percepciones, prioridades y conductas, señalan los esposos Pease.

Cuando un hombre regresa del trabajo, cansado, es común que la esposa le pregunte acerca de como fue su día, la respuesta casi siempre es monosílaba: “Bien” o “mal”. Por el contrario la mujer es capaz de contar con lujo de detalles todo su día. Otro hecho común se da cuando la esposa te pide ir de compras. En ese momento al esposo le empiezan a temblar las piernas y a sudar frió, a lo mejor te dijo que solo quería comprar un gancho y termina llenando el carro; realmente esa si es una prueba de amor . Seguro le habrá pasado que pasa por una tienda de ropa y su esposa le dice: ¡Qué lindo vestido! y sin inmutarse usted le ha respondido,  Sí ¿verdad? ahora sigamos caminando o tal vez la clásica escena: Mi amor ¿tu crees que me veo gorda?, esa pregunta suele ser comprometedora  y ¿Qué creen que espera la esposa como respuesta? ¡No mi amor, estás hermosa y esbelta!, lamentablemente se escuchan respuestas como: bueno, sí estás subida de peso, sería bueno que dejaras  de comer pan y hacer ejercicio; y ya se imaginan lo que viene luego.

Los cambios vertiginosos producidos en los últimos años, han ocasionado que hombres y mujeres asuman roles diferentes al que, probablemente, tuvieron sus padres. Ambos deben trabajar, llegar a casa y seguir con las tareas domésticas. Personalmente debo decir que tuve que aprender a trabajar en equipo en la casa, colaborar con mi esposa para tener más tiempo juntos. La responsabilidad de la crianza de los hijos debe ser compartida, por la salud de todos. Los hijos reclaman la atención de ambos y ya no hay excusas.

Es indispensable aceptar que somos diferentes y no me refiero a que uno sea mejor que el otro. Ambos tenemos características particulares y es importante conocerlas y aceptarlas, para tener una mejor relación y comunicación en la pareja, ya sea en el trabajo o en la casa. Para terminar cierro con esta sabia frase: ¡Que sería de nosotros sin ellas…!

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