Globalización y Alimentación.

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Una relación sin buenos resultados

La relación entre globalización y alimentación tiene dos lecturas en base a la respuesta a dos preguntas: ¿Hay suficiente comida para todo el planeta? y ¿es buena toda la comida en la que basamos nuestra alimentación? La respuesta a ambas cuestiones cae sobre su propio peso: No.

Desafortunadamente tenemos que decir que existen hambre mundial, y esto no es ninguna noticia, es más bien una constante. Y lo peor es que este problema va en aumento. Los informes sobre desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), así como los informes sobre comercio y desarrollo de la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) demuestran regularmente que la globalización enriquece a los ricos y empobrece a los pobres, ya se trate de regiones, países o individuos. Otra prueba de que este problema se está extendiendo a países que pertenecían al Primer Mundo, caso de Argentina, donde la pobreza ha crecido de forma alarmante en los últimos años.

Las cosechas mundiales de cereales han aumentado en más de un 40% desde 1980, acercándose hoy al récord de 2.000 millones de toneladas, y como cosa contraria, el porvenir alimentario del planeta no es muy halagador. Demasiados países han descuidado a sus agricultores, capaces de cultivar productos para el autoabastecimiento, siguiendo con la constante del hambre mundial.

¿Tenemos una alimentación saludable?

Aquellos que pueden alimentarse y no morir de hambre han de guerrear día a día para poder tener acceso a una alimentación saludable. Este problema puede acrecentarse con la llegada de alimentos transgénicos, mal vistos en Europa tras la desconfianza creada por crisis alimentarias como la ocasionada por las vacas locas, que causó un verdadero pánico en todo el continente. El uso de transgénicos se trata de una agresión a la naturaleza trayendo peligrosas consecuencias.

También encontramos la moda de la comida rápida estadounidense, que gusta sobre todo a los más jóvenes y que es excesivamente rica en grasas. A menudo se habla de las virtudes que lleva consigo la dieta mediterránea, que, según la opinión de varios expertos, empieza a padecer la incorporación de nuevos alimentos y la progresiva desaparición de algunos tradicionales, pese a que éstos sigan siendo la base de la alimentación del país.

La dieta de los países desarrollados tiende a confluir y así, mientras que en la región mediterránea aumenta el consumo de carnes rojas y mantequillas, en el resto de Europa también sube la compra de frutas y verduras.

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