Estado de Bienestar – Estados de sensibilidad

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Ateniéndonos a lo cotidiano, se pueden hallar indicadores acerca del estado del organismo de una persona. Dicho estado se refiere siempre a la sensibilidad y por eso las nociones relativas al bienestar o la salud cambian desde la óptica de Katsugen. A continuación mencionaré los dos estados de sensibilidad que se manifiestan como una anormalidad, en particular el primero de ellos. Téngase presente que ciertos eventos relacionados con la salud y el comportamiento humano, están relacionados con esto, a su vez.

El estado de insensibilidad:

Existe un modelo de persona, en especial varones, que destaca por su buen aspecto y su fortaleza física, lo cual no significa que esté tratando de hacer una descripción del aspecto externo de las personas, sino de lo que eso representa para el organismo. Así pues, siguiendo con las características que interesan al respecto, se puede observar que este tipo de persona destaca porque no suele indisponerse casi nunca; tener fiebre o acatarrarse son hechos aislados, al igual que aunque coma copiosamente la comida le sienta bien. Es pues una persona insensible a los cambios y existe quien niega haber llegado a enfermar jamás o siquiera haberse acatarrado alguna vez. ¿Acaso no suscita envidia ese estado de bienestar?

Es previsible que esto tenga consecuencias que no se circunscriben en la lógica. Pero a fin de conocer algo más de tal paradigma, es preciso señalar la falta de espontaneidad, la tendencia a la fatiga, la rigidez corporal, la falta de criterio propio, etc.

Lo esencial es que un cuerpo insensible, en apariencia fuerte, reacciona con lentitud ante cualquier eventualidad. Es lo mismo que decir que no se perciben las evidencias de una anomalía.

Es usual, por otra parte, que muchas personas degeneren, enfermen de gravedad o como un peor desenlace sufran una muerte súbita. Este problema que en principio puede ser un indicio de curiosidad e investigación, suele acontecer por motivos insospechados para la mayoría de personas, pues está relacionado con personas de cuerpos insensibles. Itsuo Tsuda manifiesta que este fenómeno no es aislado y trasciende, en el sentido de afectación, a la sociedad actual.

El cáncer, la cirrosis o la artrosis son el resultado de la incapacidad del cuerpo para reaccionar y poder reajustarse, no el resultado de causas externas que nos acometen. De la misma manera, la neumonía surge de la inadaptación a los catarros, malgastando su capacidad reguladora. Tratar de frenar o eliminar los causantes externos no será posible, pues es en otro terreno (el de la sensibilidad) en el que hay que actuar.

El estado de hipersensibilidad:

Se trata de una sensibilidad deformada, por así decirlo. La imaginación se halla sobreexcitada y uno se encuentra en un estado permanente de descarga, de modo que es frecuente que algunas personas vivan con un temor exagerado por su salud y que sientan la necesidad de que los demás acepten sus dolencias que suelen ser imaginarias.

Sin embargo, por imaginarias que sean las dolencias el organismo reaccionará a la imaginación negativamente. Es así como se producen ciertas alergias, crisis asmáticas o crisis de ansiedad, las cuales también pueden ser reacciones a provocaciones verbales o a los problemas cotidianos, por ejemplo, en vez de a agentes medioambientales.

Todo el mundo conoce algún que otro enfermo imaginario, pero incluso las personas que llamaríamos normales, no dejan de tener una imaginación contraproducente en este sentido.

El sentido práctico de los dos estados que he expuesto es que el estar enfermo o sano podría no ser más que una apariencia y que existe siempre un punto de equilibrio que concierne al sistema nervioso autónomo.

Al mismo tiempo, es necesario aclarar un aspecto de esta cuestión con el fin de evitar la aprensión de adquirir un posible exceso de sensibilidad. Imaginemos un semáforo apagado o el panel de un avión averiado, o quizá el radar de un buque desactivado. Es evidente que no percibiremos las señales para las que se han concebido esos dispositivos. Así ocurre en el organismo; como hemos visto con anterioridad, necesitamos obtener una información de nuestro cuerpo que nadie puede proporcionar, salvo uno mismo.

Sin embargo, hay que recordar que esa sensibilidad no solo proporciona información de lo que sea anómalo, sino también de que se ha iniciado un proceso de reajuste y que se ha activado el proceso innato de recuperación. Así pues, ha de tenerse muy presente que el Katsugen Undo regula el nivel de sensibilidad, tal como el cuerpo se reajusta y que tan solo a esa sensibilidad se le puede llamar normal. Por eso, cuando estamos practicando nos hallamos ya en un estado de sensibilidad especial y que es básicamente normal.

(Extracto del libro: “Katsugen Undo, la práctica que restablece la salud y la serenidad)

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