El Sentido de la Soledad.

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Les escribo a los solitarios, jóvenes y maduros, a los separados, divorciados o viudos; a aquellos que dicen sentirse solo. Y también a todos aquellos que viven en pareja, en familia, en la oficina, o rodeados de gente, porque éstos también pueden sentirse más solos que “los solos”, porque ésta es la más difícil de las soledades. ¿Alguna vez nos preguntamos sinceramente por qué le huimos a la soledad? ¿Qué es la soledad?

¿Cuántas veces nos sentimos solos y elegimos No estar en SILENCIO y ATENTOS a nuestras voces o gritos internos? … prendemos la televisión, llamamos a un amigo, buscamos ”compañía”, seguimos trabajando en casa o arreglamos algún programa para mantenernos ocupados y distraídos.

¿Por qué será que cuando la vida nos insta a la soledad y AL SILENCIO, decidimos huir? ¿Por qué escapamos en vez de buscar ese momento de compañía con nosotros mismos? ¿A que le tenemos miedo?

¿Será porque sentimos ansiedad, angustia, desesperación y por eso la tapamos con distracciones, actividad, ruido? ¿No hemos pensado que quizá todos esos sentimientos nos están queriendo decir algo, que debajo de ellos algo está pujando por salir? Y si ellos fueran nuestros amigos que nos están guiando para que VIVAMOS MEJOR? ¿No sería bueno, entonces, pensar que la soledad puede ser una OPORTUNIDAD y que sus apariciones en nuestra vida pueden tener un SENTIDO?

Todos en algún momento de nuestra vida tomamos decisiones importantes que marcaron un rumbo en nuestra existencia. La gran mayoría las hemos tomado en momentos en los que aún estábamos inmadurados, indefinidos, incompletos, no sabíamos “quiénes eramos” y qué queríamos de la vida verdaderamente. Elegimos una profesión, ocupación, trabajo, nos casamos, formamos una familia, en fin, elegimos una dirección. Así fuimos tejiendo una vida, creamos un orden en ella. Por momentos, algunos, sentimos una voz que nos dice: “-¡ para para, por aquí no es!”, pero igual seguimos porque estamos cómodos, ya elegimos y avanzamos demasiado para ahora retroceder, revisar lo andado y ver por dónde está nuestro camino.

Los pequeños momentos de silencio y soledad que se filtran en nuestra vida, nos traen a la memoria eso que nos incomoda y nos recuerda que algo anda mal y hay algo para “reordenar”. Pero nos resulta difícil asumirlo, por lo trabajoso y complicado que creemos puede resultarnos, entonces muchos decidimos continuar igual. Y así es que está la necesidad cada vez más fuerte de aturdirnos con actividades, ruido, “compañías” y velocidad para hacer callar o tapar todos esos “llamados”. Y así es que la vida sigue su camino y nosotros andamos por otros.

Quizás una buena pregunta para hacernos, muy sinceramente, es si allá lejos en el tiempo, hemos elegimos “NO SER”, por el “DEBER SER” o el “TENER”, porque buscamos el “PERTENECER” para “SER ACEPTADOS”. Digo, quizás deberíamos volver a escuchar nuestra brújula interna para dejarnos guiar para que nos lleve hacia nuestro camino perdido.

Entonces, por qué no darle una oportunidad de acceso a ese espacio de SILENCIO en SOLEDAD, al sentirse solo, para hacer un alto en el camino, para escucharnos, mirar lo andado, bucear dentro nuestro, repreguntarnos, conocernos, buscarnos, comprendernos, repensar el rumbo de nuestra vida, encontrar nuestros deseos más profundos, adueñarnos de nuestra vida y por qué no también, para juntar nuevas fuerzas para un “RECOMENZAR”.

Debemos recapacitar y pensar que sin esa SOLEDAD tan VITAL, sería imposible reconectarnos, porque siempre estaríamos distraídos, ocupados, “acompañados”, aturdidos con algo.

Y si nos pasa que lo que escuchamos y descubrimos, no nos gusta, nos duele, nos abruma, nos da miedo, nos angustia demasiado, sepamos pedir ayude para desandar lo andado y prepararnos para un nuevo “DESPEGAR”, que ahí afuera LA VIDA nos está esperando!

Finalmente, quiero mostrarles algo muy lindo que escribió mi abuelo paterno, un ser muy especial, con una vida muy intensa, de esas personas que uno observa y escucha porque emanan sabiduría, nobleza e integridad. Enviudó y se jubiló varios años antes de “partir”, vivía “solo” en su casa de Florida, tenía jardín con huerta y varios frutales que él había plantado y estaban bajo su cuidado. Lo descubrí pintando hermosos cuadros con óleos, dibujando caricaturas de políticos y leyendo todos los días una nueva palabra en el diccionario porque tenía pasión por el saber. Era muy habilidoso y poseía una inteligencia sobrehumana. Su natural terquedad la supo utilizar para la firmeza en sus convicciones, aunque detrás de sus ojos verdes siempre encontré una mirada tierna y comprensiva. Vivió hasta los 94 años y su vejez solo duró unas tres semanas. Después de su muerte encontré entre sus cosas frases y poesías que escribió y nunca mostró. Entre ellas había una que expresaba éste “sentir” y que resume de alguna manera lo que aquí quise transmitirles:

“La soledad siempre ha sido la más fiel compañera de mis horas”.

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