Constancia y Hábitos.

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Durante este periodo has transformado lo inconsciente (el hábito) en algo consciente, con tal de analizarlo y estudiar si realmente repetir automáticamente esa acción o ese modo de pensar (patrones mentales) era coherente con tu naturaleza y útil o necesario para alcanzar tus metas.

Te habrás planteado dejar de comprar compulsivamente, revisar tu dieta para bajar de peso, hacer más ejercicio para sentirte mejor, encarar los problemas con optimismo, separar las basuras para facilitar su reciclaje, pensar dos veces lo que vas a decir antes de contestar impulsivamente a tu mujer, etc.

Todo eso es muy bonito y una de las partes más difíciles de tu trabajo de cambio ya está hecha: has perdido el miedo a cambiar, a meterte en lo desconocido, y has sido capaz de reconocer los errores, aprender y rectificar.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Es momento de rebobinar. Transformaste el hábito consciente en una acción consciente, lo examinaste y decidiste cambiarlo. Pero todavía no tienes creado el nuevo hábito. La clave para restaurar la nueva acción como hábito, se resume en un único concepto: CONSTANCIA.

Necesitas automatizar tu nueva manera de hacer las cosas, todavía desde la consciencia, y así conseguir que un día esa innovación se convierta en costumbre, en una acción que surja de manera natural, sin que tengas que pararte a pensar qué, cómo, cuándo, cuánto. Sale solo.

Tendrás momentos en que ser constante te será fácil. Te levantarás de muy buen humor y a pesar de tener que hacer un esfuerzo, podrás con todo. Aprovecha esos días al máximo ya que otros tantos serán muy duros. Serán esos días de bajón anímico en los que uno no tiene ganas de esforzarse por absolutamente nada. Empieza por intentar controlar tus emociones negativas y sobreponerte, y de ese modo volver a repetir el nuevo hábito, aunque sin exigirte demasiado.

Debes tener presente y entender que no tienes porque estar al 100% todos los días de tu vida. Tal vez es momento de escuchar tu cuerpo, descansar, evadirte. De todos modos, si consigues seguir trabajando en tu nueva costumbre, lógicamente a menos intensidad, habrás ganado mucho.

Y además, también habrán esos días en que, independientemente de tu estado anímico, el entorno no querrá echarte una mano. Te tocará salir a correr en un día lluvioso, será el cumpleaños de tu madre (con tarta incluida, aunque tú estés a dieta), o alguien te criticará destructivamente al enterarse de que estás intentando dejar de ver la televisión.

Ante tal situación, y con más ímpetu que nunca, mantén la constancia, aunque esta vez con elasticidad. No corras una hora, corre media, no vayas a resfriarte. Come un trocito de tarta, mucho más pequeño que el que hubieras comido antes, pero no le quites la ilusión a tu madre el día de su cumpleaños. Esquiva la crítica con diplomacia, ya que sabes porqué decidiste cambiar y adónde quieres llegar.

Sea como sea, siempre constante

Te regalo esta breve historia de Alejandro Jodorowsky -algo modificada por mí- que resume muy bien este concepto:

“Un arquero quiso cazar la Luna. Noche tras noche, sin descansar, lanzó sus flechas hacia el astro. Había veces que las nubes, la lluvia y el frío que helaba sus dedos no le dejaban apuntar bien. Sin embargo, él no cesaba en su intento. Otras veces los vecinos se burlaban de él. ‘Mirad qué está haciendo. Intenta cazar la Luna. ¡Jajajaja!’. Inmutable, él siguió lanzando flechas. Nunca cazó la Luna, pero se convirtió en el mejor arquero del mundo.”

Por una vida sencilla, apuesta por la constancia

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