Analfabetismo Emocional.

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Durante el año 1998, el libro La inteligencia emocional fue uno de los libros más vendidos en Latinoamérica, sobretodo entre los ejecutivos y profesionales. Pero consultados sobre los contenidos del mismo, resulta que la mayoría lo había comprado pero no lo había leído y creo que puede ser porque el libro es muy árido y técnico y poco entretenido como queremos ahora digerir todo.

Ahora los libros se compran pero no se leen.

El conocimiento lo obtenemos de la rápida lectura de un diario, el zapping en la televisión y algunos escasos cursos de capacitación o charlas a las que asistimos. Ahora no se dice “¿quién tiene los pantalones en esta casa, sino quién tiene el control remoto en esta casa?”

Sin lugar a dudas, la afectividad y las emociones constituyen una puerta de entrada a la reflexión sobre la soberbia y la intolerancia que abundan en nuestro continente.

Entre el ir y venir de las crisis y los éxitos, no hemos logrado entender el valioso papel que significan estos temas, no tan sólo en nuestra vida íntima o familiar, sino en esferas, que hasta hace poco, se las consideraba un estorbo.

ANALFABETISMO EMOCIONAL

El ser humano contemporáneo sufre de un pavoroso empobrecimiento histórico, que nos tiene sumidos en un nivel absoluto de analfabetismo emocional. Estamos al tanto de los índices, de las fluctuaciones, de los bits y de lo que sucede al otro lado del mundo, pero nada sabemos de nuestra vida afectiva y emocional, por lo que continuamos exhibiendo gran torpeza en nuestras relaciones personales.

Hemos desterrado las emociones y la afectividad del palacio del conocimiento. Dolor y torpeza nos afecta a todos, pues si alguna cosa está democráticamente distribuida en nuestra sociedad, es la torpeza emocional. Ricos y pobres, iletrados y posgraduados, todos manifiestan igual nivel de irracionalidad afectiva y analfabetismo emocional.

Nadie está dispuesto a devolver un llamado telefónico, a conversar con un amigo, a leer, a pensar y reflexionar. Contamos nuestros bienes pero no nuestras pasiones. Vivimos un mundo de pequeñas relaciones corto-placistas, sin generación de redes y amigos. Nada debe distraer al “conquistador” de su objetivo: someter a los demás a su hegemonía política y a sus redes de mercado.

¿Cómo podemos entonces definir la inteligencia emocional?

Podemos decir que es una interrelación entre el cerebro y el corazón. Una persona con elevado coeficiente intelectual posee alto nivel de competencia técnica mientras que un elevado coeficiente emocional significa un alto nivel de competencia humana.

¿CÓMO ALFABETIZARSE EMOCIONALMENTE?

La Alfabetización Emocional es la Segunda Revolución del Saber Básico. La primera fue hace casi 300 años cuando las personas eran analfabetas racionales, que no sabían leer y escribir. Ahora sucederá lo mismo con quienes olviden las emociones y las pasiones.

El auto-conocimiento es el primer paso para alfabetizarse emocionalmente. Después, la persona aprende con las otras personas a comprenderlas, a aceptarlas como son, a confiar, valorizar y convivir adecuadamente. Desafortunadamente, en nuestra sociedad, todos queremos cambiar el mundo, pero nadie quiere cambiarse a si mismo.

¿Cuáles son las características que pueden identificar a una persona que posee un alto grado de Inteligencia Emocional?

  • A nivel Intrapersonal, puede ser el reconocer sus emociones y como ellas se expresan, saber estimular las emociones agradables, controlar las desagradables, usar pensamientos positivos, estimular la autoestima, resignificar pensamientos negativos, transformándolos en positivos, y mantener íntegra su propia dignidad.
  • A nivel Interpersonal, se reconoce la Q.I. a través de la empatía emocional con otra persona, al saber respetar la individualidad, al hacer de la diversidad una unidad, estimulando la dignidad humana entre las personas, sabiendo perdonar y pedir perdón, criticar, ayudar, neutralizar ofensas y humillaciones recibidas, armonizar conflictos, irradiar energía positiva y saber convivir.

Para responder adecuadamente a este desafío, se requiere aceptar que no estamos frente a una situación de crisis, sino que estamos enfrentando a un nuevo paradigma. Para aceptar el desafío, los individuos deben desarrollar nuevos valores, como flexibilidad, curiosidad intelectual, tenacidad, etc., en síntesis: ser pasionales y emprendedores.

Debe generarse un equilibrio entre la parte puramente emocional y primitiva con la del cerebro racional. El desequilibrio para lo emocional resulta en una persona muy “sensible” y “emotiva”, mientras que el desequilibrio para lo racional surge como una persona “dura”, “insensible” y “fría”.

Según investigaciones, el 70% de la lucratividad de una empresa está en la competencia humana e un 30% en la técnica, lo que podría determinar que la Inteligencia Emocional es indispensable en la construcción de la calidad. Donde ella existe no aparecen sabotajes, desperdicios y re-trabajos que interfieren directamente en los costos. En su presencia se permite el desempeño de verdaderos equipos.

Este maravilloso desafío para nuestra generación, no se enseña por el momento en ninguna Universidad local o extranjera, hay que buscarlo dentro de nosotros mismos. Quizá en neuronas adormecidas de nuestro cerebro o quizá en nuestro propio corazón.

Como dijo Kalil Jibran; “… somos como un velero en medio del mar, el timón es nuestra razón, y nuestras velas junto con el viento son la pasión que nos impulsa. Si tenemos solamente timón por más que lo moviéramos estaríamos estancados en medio del mar, y si tuviéramos solamente velas, andaríamos sin rumbo a la deriva. Por este motivo, razón y pasión, cerebro y corazón, pensamientos y emociones, deben ir juntos y en equilibrio, porque nuestra Pasión da el impulso y nuestra Razón lo guía…”

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